Kilómetros de ilusión

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Llegar a vestir la camiseta del Real Madrid es un sueño al que no es fácil renunciar, eso seguro, aunque a veces la oportunidad se presente como un desafío de vida y no sólo deportivo. A veces la llamada de un club de máximo nivel te cambia tu realidad de arriba a abajo y no queda más remedio que acostumbrarse porque la experiencia y la oportunidad merecen la pena. 

A lo largo de la historia del Real Madrid hemos conocido los casos de muchos canteranos que se tenían que recorrer media Comunidad de Madrid para entrenar o jugar, familias que se volcaban con unos chicos, que más o menos ajenos a todo, intentaban seguir con sus rutinas de entrenamientos y deberes mientras se enfundaban la blanca durante el fin de semana. Pocas veces, eso sí, hemos sabido de jugadores que tuvieran que recorrer 400 kilómetros entre ida y vuelta para poder entrenar o jugar. Es el caso de Alberto Ruizsantaquiteria Intillaque, que al menos dos veces por semana recorre junto a su familia la distancia que separa La Solana (Ciudad Real) y la capital de España. Distancia casi igual de larga que sus dos apellidos.

Tiene sólo 9 años pero de momento está disfrutando mucho de la experiencia, como reconoce su familia y entorno. “Si viéramos que este esfuerzo lo hace a disgusto, hablaríamos con él para que decidiera qué le apetece hacer, pero el que está deseando ir siempre hasta Madrid es él”, declara su padre Manuel, quién le acompaña en sus viajes y donde Alberto aprovecha para hacer los deberes del colegio, lo que el progenitor asegura que siempre tiene que ser la prioridad. Era necesario contar con su testimonio en esta situación excepcional. Algunos días el camino empieza en La Solana, pasa por Ciudad Real para coger el tren y termina en Madrid. Entrenamiento y misma rutina para volver a casa. Otros días el trayecto es solo en coche y el resto de la familia les acompaña en esta aventura que viven y disfrutan con absoluta naturalidad.

 

UNO MÁS DESDE EL PRIMER DÍA

Recaló en Valdebebas el pasado diciembre después de destacar en un amistoso entre el Puertollano, equipo con el que jugaba algunos torneos, y el Benjamín B blanco, en un partido donde el joven jugador hizo los tres goles del conjunto manchego. Un mes después ya estaba en dinámica del Real Madrid. Cayó además con buen pie, ya que los compañeros le acogieron y le hicieron sentirse uno más desde el primer momento. Víctor Carvajal y Diego Elkoroiribe, que además de sus entrenadores son dos formadores excepcionales, le dieron confianza y apenas acusó el cambio tan grande que supuso llegar al equipo blanco. La próxima temporada, aunque sigue siendo una incógnita cuándo comenzará, formará parte del Benjamín A. 

En ocasiones nos olvidamos de los esfuerzos que tienen que hacer las familias de los jugadores, que como en este caso, dejan de lado el trabajo o lo que haga falta para acompañar a los chicos, aunque a veces los kilómetros pesen o aunque los viajes de vuelta a casa se hagan durmiendo porque el cansancio les puede. Mientras los chicos sean felices, el esfuerzo siempre merecerá la pena.    

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